Avatar Cocido Balmasedano es el humilde blog de Iñigo Sastre (Balmasedano). Joven apasionado por las nuevas tecnologías y los medios de comunicación que anota en este espacio todas sus inquietudes y proyectos. Más...

Deformación profesional

Puede parecer una actitud envidiosa, y de hecho lo es, pero me sorprende cómo las personas adquirimos una serie de habilidades inconscientes, debidas en gran parte a la práctica -o exceso de- y en menor medida a cualidades innatas, pero que por alguna razón gozan de mayor o menor prestigio según en qué campo estén comprendidas.

Es más que una habilidad, una parte del cuerpo presente en el exterior del mismo. Me refiero a esa sensación de que un teclado, los controles de una mesa de mezclas o el código escrito sobre una pantalla dejan de ser por un momento simples objetos y pasan a ser una parte más del cerebro o una extensión de tu propio brazo. Cuando directamente no sientes o no piensas lo que estás haciendo y sobre qué medio estás operando, sino que simplemente te limitas a controlarlo de una manera casi inconsciente. En definitiva, no eres dueño de la manipulación de un algo y sin embargo obtienes resultados que parece que fueran como emanados de la nada porque el esfuerzo que te supone llevar a cabo una tarea es nulo.

¿Pero es equiparable la destreza de un deportista o un conductor a la que adquiere un informático, locutor o un DJ por poner algunos ejemplos? Todas ellas son fruto de largas horas de práctica y una dedicación inmensa a un solo propósito. No obstante la sociedad fija su mirada sólo en ciertos campos que por una razón u otra han sido más agraciadas y gozan de una categoría superior. ¿Acaso la habilidad de un piloto de Fórmula 1 en el coche merece una mayor admiración que la perfección de un buen locutor a la hora de describir con claridad y detalle un suceso de última hora valiéndose únicamente de la improvisación y el buen uso de unos pocos datos? ¿Acaso una pintura tiene mayor valor que el desarrollo del kernel de un sistema operativo?

Son simples ejemplos de cualidades cuya relación sea seguramente inexistente, pero que ambas merecen el mismo respeto y el reconocimiento del trabajo que ha habido detrás del resultado final.

Yo nunca he ganado un campeonato deportivo, jamás un concurso de pintura o uno de relatos. Ciertamente ni siquiera soy bueno en ninguna de esas facetas, pero siempre he creído que tengo otros muchos conocimientos que el común de los mortales jamás valoraría del mismo modo que valora la perfección del gol que mete el futbolista o del maravilloso cuadro que recibió el primer premio en el último certamen de pintura regional. ¿O nunca os ha pasado algo parecido?

Vivimos en una sociedad que se deja llevar por los estereotipos, poco abierta a la nueva cultura de la información, y ante todo estancada en la idea de que el deporte y el arte son la expresión de la destreza y el camino a la felicidad. Pero, ¿no creéis que, para los tiempos que corren, eso es un campo muy cerrado?

Cocinado el 23-Mar-2008Embotado en Demasiado personal

4 Responses to “Deformación profesional”

  1. Avatar de TANDROTANDRO dice:

    Considéralo de otro modo. En una carrera de Fórmula 1 la victoria la logra quien llega primero a la meta, en el menor tiempo. Es una norma impuesta y justa. Pero ahora bien, en un concurso de locutores de radio, ¿quién decidiría quién es el ganador? ¿Los SMS?

    Final abierto. Un saludo.

  2. Avatar de balmasedanobalmasedano dice:

    @Tandro: No es una competición, sino un reconocimiento. Pero si nos ponemos en ese plan… ¿Los datos de audiencia? :-D

  3. Avatar de Nacho 001Nacho 001 dice:

    ¿O tal vez los resultados de ganancias en publicidad?, podrían ser un buen dato y a mas de uno le saldría una ulcera en el estomago (por envidioso). :)

    Saludos!

  4. Avatar de loretahurloretahur dice:

    “Pan y circo”. Así se funcionaba en la época de los romanos y así seguimos tropecientos años después. Triste pero cierto.

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