Ping sentenciado a muerte: se puede desactivar

Se acabó. Mucho he hablado de que Ping no vale para nada, y cuando la red asocial de iTunes dejó de marginarse se convirtió en el botón intrusivo del año. Ahora, se alía con Twitter. Y mientras tanto, ayer Apple sacó la actualización definitiva que muchos estábamos esperando, iTunes 10.1 —que ya se puede descargartransfiere al usuario la decisión de si usar Ping o no.

Muchas de las funciones de iTunes nunca me han interesado, entre ellas, las radios de iTunes, que nunca escucho y ocupan sitio. Siempre he recurrido al Control Parental para desactivarlas definitivamente.

Sin embargo, Ping no se podía desactivar en la versión 10.0.1 ni tan siquiera desde dicho panel de preferencias de iTunes.

Control parental de iTunes

Ahora Apple cambia de estrategia y permite decidir al usuario si quiere que Ping tenga derecho o no a molestarle.

Desactivando Ping desaparece toda mención que se le pueda hacer en iTunes: ni botón junto a las canciones, ni menú a la izquierda ni nada de nada.

Está claro que Apple está sentenciando a muerte a su nueva red social. Por mucho que no guste, si deja de lleno la posibilidad de desactivarlo al usuario, lo más seguro es que toda esa masa de usuarios descontentos lo desactiven. Apple anunció que un millón de usuarios se habían registrado en Ping en las primeras 48 horas. Sin embargo, la opinión generalizada era muy desfavorable al servicio. A pesar de que no hay datos oficiales y corroborables, TUAW lanzó una encuesta de poco valor para intentar medir estas opiniones, casi todas desfavorables.

Cuando digo que tiene los días contados, lo digo con conocimiento de causa. Y Facebook es un ejemplo que todos conocemos. Cada dos por tres cambia su interfaz y muchos usuarios se echan encima en plataformas de rechazo. Pese a no ser una decisión asumida por la mayoría o muy acertada, todos se acostumbran. Sin embargo, en apenas 2 meses, todavía no se puede decir que Ping haya tenido tiempo para acostumbrar a sus usuarios, por muy malo que me pueda parecer.

Apple, haznos un favor: ya que nos permites desactivar tu red social musical, haz lo propio en iOS 4.2 con la de juegos, Game Center, que hay quienes no la usan nunca.

Ping, la red social de iTunes, NO tiene sentido

Y lo digo así, con un no rotundo y escrito en mayúsculas. Lo digo tarde, una vez probado y después de que haya pasado el aluvión de análisis sobre esta función, mal llamada red social. Y por si hubiera demasiadas críticas ya a la nueva red social —que las hay—  y no pasaras de las dos líneas que ves en el lector de feeds, voy a decirte lo que es desde mi punto de vista Ping: un amasijo de páginas de fans simplonas estilo Facebook dedicadas a artistas de la base de datos de pago de iTunes Store.

Cuando digo que Ping no llega a red social no lo digo de mala uva en tono fanboy indignado, no. Y os explico el porqué. Ping, tal y como está realizado impide, por una parte, conocer y promocionar grupos pequeños que buscan hacerse un hueco, como ocurre con Last.fm, porque es cerrada a más no poder. Y diréis: claro, esto es algo que no impide a las adolescentes estadounidenses fans de los Jonas Brothers, que son suficientemente conocidos, conocer los estados de ánimo de Nick, Joe y Kevin descritos por su community manager y enterarse al instante de su ajetreada agenda de conciertos. Simplemente porque cumple su cometido: promocionar y acercar a las grandes estrellas de lo comercial a sus queridísimas fans enloquecidas, que comprarán sus canciones y las transferirán a sus iPods de colores chillones. Simple y efectivo, ¿verdad?

Todo el párrafo anterior va ligado a lo que ahora voy a contaros, porque una red asocial de este tipo no tiene absolutamente nada que ver con los modelos de éxito que han demostrado Last.fm, en cuanto a compartir gustos y conocer gente, y Spotify en el modelo de música bajo demanda en abierto.

Mientras Last.fm es una red social definida como tal, Spotify se nutre de las mismas redes sociales y las alimenta al mismo tiempo con su contenido. Spotify basa su modelo social en compartir listas de música íntegras, que se pueden escuchar de forma abierta si se tiene una cuenta Spotify Open o Free, lo cual es de buenas a primeras el factor éxito que la diferencia del resto.

Por otra parte, Last.fm es un completo directorio de artistas y canciones, a la que más de una vez habremos recurrido tanto tú como yo para ponernos al día en novedades musicales, que no tienen por qué ser estrictamente del circuito de las grandes discográficas. Y todo ello gracias al scrobbling, que permite saber realmente qué es lo que se escucha, quién lo escucha y qué gustos musicales tiene ese alguien, lo que lo convierte también en un buscador de amigos por afinidades musicales. Como ya he dicho antes también, Last.fm es un escaparate para pequeños grupos que no tienen medios para llegar a las listas de iTunes, y mucho menos a las paupérrimas páginas de Ping.

Recapitulando, Ping es un extracto de una funcionalidad propia de Facebook, las páginas, mientras que Spotify es música gratis y Last.fm un escaparate y la lista de éxitos más fiable que podamos encontrar en la red, porque se basa en una evidencia como es el scrobbling público.

Integración en el software nefasta

Vuelvo a compararlo con Spotify, porque la interfaz de este último es simplemente brillante. La visualización de listas compartidas es realmente magnífica, porque se integra como parte del programa, con el arrastrar y soltar, etc. Y perdonadme si soy muy torpe, pero creo más bien que es un error garrafal de diseño de Apple: Ping no es más que una página web embebida en una pestaña minúscula de la iTunes Store, dentro de iTunes a su vez.

Creo que Apple no puede pretender que esta red sea un éxito si presume de tenerla integrada en su software estrella si luego resulta que eso no es verdad. Ping viene imposibilitada desde la raíz, es decir, desde la propia interfaz de usuario. Si su idea no tiene sentido y además tiene carencias tan gordas la lógica me dice que no se usará.

Y el último punto flaco que le veo a Ping es la falta de integración con otras redes sociales. Y a estas alturas incluso la que aborrece la socialización por perder parte del pastel, Tuenti, tiene integración —que no retroalimentación— con Twitter o dispone botón Compartir. ¿Por qué Ping, que tiene estados a lo Twitter, no tiene una integración seria con ésta, con Facebook u otras páginas web?

Insisto: en lo que a mí respecta Ping no es una red social. Es una artimaña lanzada con retraso y pasará desapercibida en cuanto desaparezca o quede relegada a un segundo o tercer lugar, como pasó con Wave. Ping además sólo sirve para una cosa: repinguear (toma palabrota), en vez de retwittear, estados y eventos de los artistas del catálogo de iTunes Store. Porque para estados y comentarios ya tenemos Twitter y Facebook.

¡Que compience el reping!

Twitcher

Siempre viene bien un puñado de autocrítica, porque ser fanboy no es solamente contagioso, también es tan perjudicial como el vicio mismo. Si bien he estado un poco desconectado últimamente de las series por el final de la época de exámenes, ahora el verano es el momento idóneo para engancharse de nuevo, y más cuando no tienes la preocupación del tiempo encima. Recientemente estoy siguiendo Futurama, en su sexta temporada, gracias en parte a los subtítulos disponibles en Subtítulos.es. Los capítulos por el momento los he conseguido ripeados en alta definición y sí, prometo llevarlos a la Euskal Encounter (usuario balmasedano para interesados).

Y precisamente es Futurama la que por fin ha puesto el grito en el cielo con el sobrecontrol de la información que tienen las redes sociales mal usadas. Ha sido en el tercer capítulo de la recién estrenada sexta temporada, ahora en manos de Comedy Central, con dos productos de la Compañía de Mamá: el eyePhone y Twitcher. Sin entrar en detalles que me conviertan inevitablemente en un spoiler empedernido, me gustaría reseñar que se trata de un capítulo de visionado obligatorio para todo internauta dospuntocérico que se precie. Un capítulo que por cierto ha tenido polémica, y mucha.

Dicho esto, el capítulo me hizo pensar. Dejando de lado el fanatismo Apple del que hacen burla y de la parodia del retweet, hace aproximadamente un mes cerré mis tweets porque llegué a pensar en las devastadoras consecuencias de contar toda tu vida en Internet. Sin llegar a extremos como Please Rob Me, la información que damos, por ejemplo, con Foursquare y Google Latitude puede ser crucial para usos impropios y no quiero ni pensar en el cúmulo de usuarios que tienen estos servicios y las tempranas edades con las que se podrían empezar a utilizar en pocos años. Las dos redes sociales citadas a mi juicio tienen un control bastante acertado en cuanto quiénes pueden ver la información que publicas. No obstante no termino de verle la gracia a los tweets geolocalizados fuera de lugar, y siempre se te escapa alguna chincheta cuando estás twitteando desde el móvil. Con lo despistado que soy es inevitable.

Ahora he reabierto la cuenta de Twitter coincidiendo con el blog pero limitándome al compartir muchas ubicaciones que con la cuenta cerrada hubiera publicado.

¿Y vosotros qué precauciones tomáis a la hora de twittear? ¿O creéis que a pesar de aceptar uno por uno cada uno de los contactos siguen siendo más peligrosas las redes sociales como Facebook o Tuenti? Personalmente opino que el auge de las redes sociales todavía está en pleno proceso y que tardaremos en ver los efectos a medio-largo plazo de la información publicada sin control. Pero sigo creyendo que el problema no está en la publicación, sino en la copia reiterada de la misma información hasta el punto de que se convierte en imborrable. Ése es el lastre que tiene ahora mismo la privacidad.

Por cierto, desde ahora mi Twitter de la barra lateral se llama Twitcher, como guiño a Futurama.