¡No es para eso! (II): Amigos y followers

Hoy voy a dar respuesta a toda esa gente que más de una vez me ha tachado de ególatra por no seguirla en Twitter, o me ha dejado de saludar por la calle por no tenerla agregada en Tuenti. Casos extremos, vale. Voy a explicar cómo interpreto yo los conceptos amigo y seguidor en redes sociales. Porque amigo es un término demasiado generalizado y follower considero que no se termina de entender muy bien.

Este mes de marzo he asistido con mis compañeros de Enkar Hiria a la charla ¿Pueden ser la web 2.0 y las redes sociales útiles para mi empresa? impartida por el profesor de Mondragon Unibertsitatea Miguel Fernández. Las empresas suelen confundir conceptos. No solo se abordaron aquellas diferencias entre páginas y perfiles que comentaba el otro día, sino que también ahondó en cómo la gente suele confundir seguir con agregar, followers con amistades, o, dicho de otro modo, seguidores con amigos.

De todos modos hoy no vamos a hablar en términos empresariales. Eso ya lo hice con Perfiles y Páginas, que viene a ser lo mismo: seguir una página (ser follower) y ser amigo de una empresa con nombres y apellidos (agregar). Hoy hablaré en términos personales: por qué yo como persona sigo a la gente, por qué me agrego a amigos y por qué ocurre igualmente de otros hacia mí.

Intenciones de seguir en Twitter

Seguir es opcional. En Twitter no es recíproco, como la amistad en Facebook. Entiendo perfectamente que muchas de las personas a las que sigo no me quieran devolver el follow. Lo que una persona escribe puede interesarme a mí pero lo mío no a ella. Es comprensible.

Esto se resume en lo siguiente: no sigo si lo que escribes no me interesa. Yo en Twitter busco información, conversación y distracción. Por lo tanto no sigo a personas que solo cuentan su vida, o a personas Google Reader (#concepto acuñado).

Busco y sigo gente con mis gustos: es decir, pueden cumplirse esas tres condiciones, pero no hablar absolutamente de nada que me interese. Tuits que me hablen constantemente de la vida de los gatos de un tuitero que vive en Guadalajara pueden no ser mis favoritos, y aunque otros amantes de los gatos conversen con esa persona, puede que yo no sea el más indicado para entrar en esos temas. Tuits ocasionales sobre su ego o gatos pueden ser comprensibles si no son continuos.

Amistad y privacidad

Vayamos por la simple definición: un amigo, considero al menos, es amigo en la vida real y la vida virtual. Es decir, que todo aquello que publiques puede ser susceptible de futuro linchamiento virtual: no lo dejes en manos de cualquiera.

En Tuenti, Facebook y otras redes sociales similares todo lo hecho, sitios donde has estado, fotografías, etc. quedan al alcance de quienes tengas agregados. Una mala configuración de seguridad también puede dejar esos datos al acecho de un tercero.

Hacía hincapié en esto el otro día al hablar de los perfiles (mal empleados) empresariales en Facebook. Pero esto es igual con desconocidos o gente poco conocida.

Cada cosa… Para lo que es

Esto no se ha terminado aún. Desde que publicara el anterior post sobre perfiles empresariales ha llovido mucho. Facebook ya permite usar páginas como perfiles y, desde esta semana, también permite convertir un perfil empresarial en una página manteniendo seguidores.

Continuará la serie.

Cadenas de correo y privacidad

Spammers y «chonis que mandan cadenas de correo» se alían para propagar esos gatitos de color rosa, dudosas noticias inventadas sobre los perjuicios de tomar Actimel a diario y, de paso, recolectar miles de direcciones de e-mail. Pero no es broma: todo sea por salvar unos pobrecitos hurones hambrientos que van a morir si no reenviamos un mensaje, llegamos a 500 nombres y adjuntamos la lista a esa dirección que viene ahí abajo. Claro, claro… Eso es lo habitual. Sin embargo, hoy os quiero poner los dientes largos: ¿Nunca habéis deseado identificar al rufián que ha creado la cadena que os acaban de reenviar? Yo sí, y me tienta el hecho de conocer su número de teléfono.

Si la privacidad no se lleva bien con los insufribles correos en cadena, hoy os presento a esta persona —llámemosla X— que no cambió la dirección de e-mail que le dio Telefónica con su ADSL y que al enviar un pomposo PowerPoint dejó sus datos al descubierto.

Mi filtro de cadenas de correo no es infalible. Gracias a este fallo, el otro día pudo llegar esta perla a mi Gmail.

Tengo su teléfono, puedo buscar en la guía cómo se llama, incluso dónde vive. Pero me quedo con lo primero: puedo llamar a X y pedirle personalmente que deje de mandar estas horribles cadenas, que Google no quiere derrochar espacio en sus servidores con sus PowerPoints.

¿Qué, le damos su merecido?

Ah, otra cosa: si no envías este post a todos tus amigos en menos de 10 minutos, Sinde te cortará tu conexión a Internet y soñarás con Ramoncín cantando canciones de Nirvana. Así que menéalo o envíalo en un correo en cadena por una buena causa, o por simple amor propio.

Twitcher

Siempre viene bien un puñado de autocrítica, porque ser fanboy no es solamente contagioso, también es tan perjudicial como el vicio mismo. Si bien he estado un poco desconectado últimamente de las series por el final de la época de exámenes, ahora el verano es el momento idóneo para engancharse de nuevo, y más cuando no tienes la preocupación del tiempo encima. Recientemente estoy siguiendo Futurama, en su sexta temporada, gracias en parte a los subtítulos disponibles en Subtítulos.es. Los capítulos por el momento los he conseguido ripeados en alta definición y sí, prometo llevarlos a la Euskal Encounter (usuario balmasedano para interesados).

Y precisamente es Futurama la que por fin ha puesto el grito en el cielo con el sobrecontrol de la información que tienen las redes sociales mal usadas. Ha sido en el tercer capítulo de la recién estrenada sexta temporada, ahora en manos de Comedy Central, con dos productos de la Compañía de Mamá: el eyePhone y Twitcher. Sin entrar en detalles que me conviertan inevitablemente en un spoiler empedernido, me gustaría reseñar que se trata de un capítulo de visionado obligatorio para todo internauta dospuntocérico que se precie. Un capítulo que por cierto ha tenido polémica, y mucha.

Dicho esto, el capítulo me hizo pensar. Dejando de lado el fanatismo Apple del que hacen burla y de la parodia del retweet, hace aproximadamente un mes cerré mis tweets porque llegué a pensar en las devastadoras consecuencias de contar toda tu vida en Internet. Sin llegar a extremos como Please Rob Me, la información que damos, por ejemplo, con Foursquare y Google Latitude puede ser crucial para usos impropios y no quiero ni pensar en el cúmulo de usuarios que tienen estos servicios y las tempranas edades con las que se podrían empezar a utilizar en pocos años. Las dos redes sociales citadas a mi juicio tienen un control bastante acertado en cuanto quiénes pueden ver la información que publicas. No obstante no termino de verle la gracia a los tweets geolocalizados fuera de lugar, y siempre se te escapa alguna chincheta cuando estás twitteando desde el móvil. Con lo despistado que soy es inevitable.

Ahora he reabierto la cuenta de Twitter coincidiendo con el blog pero limitándome al compartir muchas ubicaciones que con la cuenta cerrada hubiera publicado.

¿Y vosotros qué precauciones tomáis a la hora de twittear? ¿O creéis que a pesar de aceptar uno por uno cada uno de los contactos siguen siendo más peligrosas las redes sociales como Facebook o Tuenti? Personalmente opino que el auge de las redes sociales todavía está en pleno proceso y que tardaremos en ver los efectos a medio-largo plazo de la información publicada sin control. Pero sigo creyendo que el problema no está en la publicación, sino en la copia reiterada de la misma información hasta el punto de que se convierte en imborrable. Ése es el lastre que tiene ahora mismo la privacidad.

Por cierto, desde ahora mi Twitter de la barra lateral se llama Twitcher, como guiño a Futurama.