Sucesos

Es fácil leer sucesos en el periódico y no sentir nada. Aparentemente, un suceso es un compendio insípido de cifras, de hechos, de letras… Y eso, ¿a quién le importa?

Es fácil pasar con indiferencia de todo ese asunto, pasar página, sin pararse uno a pensar ni tan siquiera en que esos datos son más que palabras y números.

Hechos son historia; cifras, personas. Y letras en mayúscula son otra cosa más: son en el peor de tus casos un ser querido. Suena lejano, sí. Pero suena lejano hasta que las iniciales de alguien corresponden con las de un amigo, un conocido, un vecino.

En el peor de los casos no es solamente eso: son especulaciones ante un suceso incierto, datos falsos… Sólo lo que interesa leer: porque una colisión sin drogas no importa a nadie, una salida de la calzada sin un conductor ebrio no dejaría a un lector sediento culpar a nadie y saciarse a descalificaciones. ¿Hasta dónde podemos llegar? Si, sea como sea, siempre hay una parte culpable y una inocente.

En un país donde un futuro posible asesino al volante es ídolo nacional no me puedo esperar otra cosa.

Prometo desde hoy, cada vez que lea un suceso, intentar pensar que cada accidente mortal implica una vida menos. Intentaré ponerme en el lugar de los familiares y amigos de cada víctima. Realmente no es hasta el momento en que ocurre cuando te das cuenta de todo esto, por desgracia.